Serie Osarios
1982 – 1988
Osarios coincidió con el nacimiento de mi hijo en los años 80; cuando empecé a comprarle libros infantiles, eso removió una cantidad de imágenes de mi niñez, de cosas que estaban ahí latentes. Cuando nació Nicolás, comenzaron siendo osos pequeños, pero a principios de los 90 ya los había hecho gigantescos.
En general también coincide con un lugar común de la “vuelta de la pintura”; yo venía de un período abstracto, casi minimal —un minimalismo sensible, claro— y con esta serie comencé a combinar pinturas abstractas que son muy figurativas y pinturas figurativas que son muy abstractas.
Y por último, lo que fundamentalmente me interesaba era el mundo de la pintura, permanecer ahí, pero quise darle un montaje distinto a la serie, algo más que el cuadrito aquí y allá. Entonces comenzó a surgir un sentido de puesta, de mise en scène que no existía en esa época. Esto de armar un montaje particular, quizá en una línea, un friso o tipo horror vacui. Los osos me permiten una nueva manera de pensar el espacio, y la puesta de la obra es también otra obra.
Texto de Alfredo Prior