Faustino Brughetti
Adán y Eva, 1909
Procesión
ca. 1908 – 1910
Entre quienes desde fecha temprana se aproximaron a la obra de Faustino Brughetti y la apoyaron decididamente se encontraba Almafuerte. Para el poeta de Lamentaciones el artista tenía una "obcecación de lo feo" y un amor por esa verdad muchas veces amarga que la hacía aparecer "repulsiva" desde un punto de vista estético. En este sentido, obras como El hijo de nadie expresan ese acercamiento a temáticas poco agradables a los ojos de la sociedad prejuiciosa de principios del siglo XX. Sin embargo, lo que llama la atención en las pinturas del período 1908-1910 es, precisamente, su aproximación a lo "feo" que sobre todo se traduce en el tratamiento de los rostros de sus figuras pero que no duda en manifestarse también en sus cuerpos, en una representación que se aparta de los cánones tradicionales de belleza Los rostros aparecen desprovistos de rasgos que permitan su individualización. Brughetti hace uso de deformaciones expresivas que se apoyan en un fuerte esquematismo al que la técnica ayuda a subrayar en trazos rápidos que apenas definen los cuerpos. En el caso de Procesión la figura femenina ubicada en el primer plano de la composición pierde los rasgos bondadosos e idealizadores de la vejez, y la impostación de la cabeza en el torso subraya una curva deforme y casi grotesca; el rostro no es más que una máscara que delata la lectura crítica del artista hacia la sociedad de su tiempo.
Texto de Patricia M. Artundo