Colección Malba

Sin título

1955


Sergio Camargo

Artista
Sergio Camargo
Río de Janeiro, Brasil, 1930 - 1990
Ficha técnica
Título
Sin título
Año
1955
Técnica
Bronce con pátina negra
Medidas
15 x 14 x 17,5 cm
Línea de crédito
Colección Malba. Donación Eduardo F. Costantini, 1998
N° de inventario
1998.01
Comentario sobre la obra

Después de estudiar con Emilio Pettoruti y Lucio Fontana en la Academia Altamira, en Buenos Aires, Sérgio Camargo viajó a Europa en 1948, donde conoció a Brancusi y a Arp. Luego de su período marcado por numerosos viajes, se estableció en París de 1961 a 1974; estudió filosofía en la Sorbona, con Gastón Bachelard, y en la École Pratique des Hautes Études, con Pierre Francastel, para luego retornar a Brasil. Constructivista de predicados notables, fue calificado como artista de la línea optical por la forma en que sus relieves juegan con la luz. De la larga serie de relieves investigados exhaustivamente a lo largo de los años sesenta y setenta —tanto los módulos de madera cilíndricos, pintados en blanco y dispuesto sobre una superficie plana igualmente blanca, como las columnas en mármol de Carrara, que conservó en su atelier hasta el final de su vida; hasta las esculturas de los últimos años realizadas en mármol negro belga, que a la distancia parecen meros planos opacos— su trayectoria, fiel al impulso otorgado por Fontana, siempre estuvo orientada a discutir el traspaso del plano al volumen y a demostrar que el espacio es el resultado de la relación entre la forma y la luz.

A juzgar por su hasta entonces reducido número de obras, las “mujeres” —entre otros temas a los que se dedicó Sérgio Camargo a lo largo de los años cincuenta— sirvieron de preparación para una producción mucho más intensa y singular en las siguientes décadas. Esto no significa disminuir su importancia en el conjunto de la obra, ya que estas “mujeres” plantean el complejo dilema de la escultura moderna, entre la reducción formal realizada por Brancusi y el brutalismo de Henri Laurens, preocupados por trascender el carácter figurativo de la escultura, haciéndola menos una representación del cuerpo y más una masa condensada o en expansión.

En esa pequeña escultura Sérgio Camargo consigue, por medio de pequeños y decisivos cortes, aún más dramáticos y por tanto cuidadosamente combinados entre líneas verticales, horizontales y diagonales, que la masa proyecte una enorme tensión. La mujer representada en una postura reflexiva, como doblada sobre sí misma, impide la distensión del conjunto, yendo en dirección contrario al impulso de los cortes y de su encaje voluptuoso, que tiran por la soltura de sus formas. Se trata, al fin y al cabo, de una curiosa demostración de cómo se puede será al mismo tiempo barroco y económico, tanto en recursos como en claridad estructural.

Texto de Agnaldo Farías

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