Universos paralelos No. 1
1967
La obra consiste en un prisma rectangular de base cuadrada, internamente dividido por seis placas entrecruzadas perpendicularmente que forman dieciséis prismas interiores. El acrílico transparente pintado con líneas verticales equidistantes permite la combinación de formas y colores. Cada plano asume diferentes tonalidades y las zonas sin pintar determinan figuras circulares u ovoides que abren ventanas en las caras exteriores del prisma. Predomina la gama fría —azul, verde azulado— para el perímetro de la obra, y la cálida —amarillo, naranja, rojo y verde— para los planos interiores, buscando con el retroceso óptico de los primeros y el avance de los segundos, compensar con un efecto visual la distancia a la que se encuentran ubicados.
Todo está pensado y realizado para provocar un juego sensorial en el espectador al rodear éste la pieza. Esta participación es imprescindible, ya que es la única manera en que el objeto cumple su destino cinético, toda vez que nada en él es móvil y que esta sensación se alcanza en el encuentro e intersección de las formas vistas desde distintas perspectivas, situación que sumerge a la obra en la dimensión temporal.
Brizzi comenzó a trabajar con el acrílico y las pinturas industriales desde 1960. El uso de materiales tecnológicos responde a la necesidad de insertar al objeto de arte en el mundo del hombre contemporáneo, ampliando, por otra parte, sus posibilidades creativas.
Texto de Adriana Lauría