Ulises Beisso
Dora, de la serie "Doras", 1990
En una nube de polvo
1998
A partir de los grabados de Sir John Tenniel, que ilustran el libro más conocido de Lewis Carroll, Alice’s Adventure in Wonderland (1865), Alicia Carletti crea su propio espacio imaginado. March Hare, Mad Hatter, Chesire Cat y White Knight, los personajes de ese mundo encantado pueblan las telas de Carletti. Pero no de la forma en que los concibió Tenniel: diminutos y en blanco y negro, Se transforman en seres más imponentes, dueños de un mundo en tecnicolor. Entre ellos aparece la Alicia de “carne y hueso” concebida por la propia Alicia (Carletti). Esta Alicia “real” en la virtualidad de la pintura convive con otros seres, también “reales” pero enraizados en los grabados de Tenniel. Hoy, la física cuántica ha demostrado que existen otras dimensiones más allá del tiempo y del espacio; y algunos pocos artistas intuyeron mucho antes la posibilidad de estos mundos paralelos. En los cuadros de Carletti se puede graficar esta nueva construcción del universo. Hay una Alicia que es concebida como “real” y otra que no lo es. La primera tiene las mismas limitaciones que la pintora Carletti y el lector que lee estas líneas: una existencia enmarcada en tiempo y espacio. La segunda se escabulle de ese marco y puede transitar caminos impensables para una mente cartesiana. Pero a la vez, y en un juego de espejos infinitos, esa segunda Alicia debe tener límites existenciales que puede saltar a una tercera, y así sucesivamente. Y entonces la pregunta se impone: ¿es el mundo de Alice in Wonderland el encantado?, ¿o lo es el nuestro? Para resumirlo en pocas, precisas y sabias palabras chinas: Chuang Tzu soñó que era una mariposa. Al despertar ignoraba si era Chaun Tzu el que había soñado que era una mariposa o si era una mariposa y estaba soñando que era Chuang Tzu (Del libro de Chuang Tzu, 300 a. C.).
Texto de Julio Sánchez