Silla con libro, de la serie "Líquidos y Huellas"
2002
De la serie "Líquidos y Huellas"
Hay en mi obra el residuo del cuerpo dolido y traspasado, del sacrificio, la fragmentación, lo sincrético, la muerte, la memoria, la identidad… la muerte como reafirmación y no como negación.
Estos referentes cobran aquí un significado diferente que alude —a través del montaje y el uso de los materiales— a lo primario, a lo propio, a lo simple, a lo natural, a la recreación, a la materia misma de la fotografía.
El cuerpo funciona como estructura del mundo, como espejo de reflejos del yo y el otro; unido a un sincretismo religioso propio y personal que se observa y manifiesta en lo popular y cotidiano, en una forma muchas veces inconsciente.
El tema del cuerpo y el autorretrato se dirige a una reflexión en torno a una identidad, apresada en una simbología e iconografía manifestadas en una cotidianidad que sirve de eje para interpretar y actualizar creencias que parten de una tradición, pero reinterpretada en una forma personal. Mi discurso se nutre de esa tradición manifestada en lo cotidiano pero descontextualizada y resignificada en mi propio ser, en mi propio yo. Es decir, la conciencia de mí mismo cumple con el verso de Octavio Paz según el cual Para que pueda ser, he de ser otro.
Texto de Víctor Vázquez