Roberto Aizenberg
Sin título, 1953
Sueño de un condenado a muerte
1955
En un escrito autobiográfico de 1986, Aizenberg reconoció la importancia que los cielos adquirieron en algunas e sus obras. Pasaba largos ratos contemplando el de Buenos Aires, anhelando captar las variaciones que se producían en el paso de las horas: “Trataba de que el espectáculo del cielo me impregnara, y yo así encielado, pudiera finalmente pintarla. Invariablemente fracasaba”.
Más allá de las variaciones lumínicas, Sueño de un condenado a muerte presenta un cielo alucinado que lo aleja de cualquier aspecto contingente.
Nubes rojas rodean un cuerpo celeste no menos rojo, colocado en primer plano, que se repite en la parte superior del cuadro, esta vez lanzado a la negrura del espacio. La luz, reflejada por las nubes y las esferas, parece provenir de un fuego apocalíptico, de una visión teñida en sangre. Como detrás de una lente coloreada, la mirada abismada del artista da cuenta de una situación trascendente, cargada de presagios inevitables. Quizás anuncie el momento en que se inicia el viaje a un trasmundo no menos imaginado que incierto.
En cuanto a las constantes surrealistas que guían la producción de Aizenberg, en este período prevalecen las obras de carácter visionario, presentando revelaciones arcanas relacionadas con el destino. En esta pintura nos enfrente a una pesadilla soñada en común, que la realidad no desmiente.
Texto de Adriana Lauría