Ernesto Deira
Desde Adán y Eva Nº 5, 1963
Los premios
1963
Un año clave para el grupo integrado por Deira, Macció, Noé y de la Vega fue 1963, tanto porque marcó el momento de mayor cohesión entre sus integrantes como por la gran exposición pública con que ellos contaron. En ese año tuvo lugar su muestra en el Museo nacional de Bellas Artes, que fue presentada en Montevideo; los cuatro artistas fueron convocados al Premio Nacional e Internacional del Instituto Torcuato di Tella, donde Noé y Macció obtuvieron las máximas recompensas. Por otra parte, todo esto señalaba el reconocimiento “oficial” de Jorge Romero Brest —uno de los más importantes operadores en el campo plástico argentino— en la nueva figuración.
Fue también 1963 el año en que Alfredo Bonino presentí sus obras en la sede de su galería en Río de Janeiro, inaugurada tres años antes, lo que acentuaba su creciente difusión fuera de las fronteras nacionales. Esta situación se repetiría en 1965, cuando el Museu de Arte Moderna de Río de Janeiro fue el encargado de alojarlas.
En Los premios, títulos de probable evocación cortaziana, Ernesto Deira insiste en su búsqueda de un espectador capaz de comprometerse activamente con la obra al proponer, según explicaría años después, “un significante lo más rico posible, naturalmente, para que sobre él se construyan muchos significados”. Pero este espectador es exigido para que asuma ese compromiso, y el lenguaje plástico adoptado se constituye en el punto de partida para obligarlo. La densidad del entramado de la superficie pictórica, lograda por pinceladas yuxtapuestas, manchas y chorreados, los colores puros y el blanco y el negro, acentúan la presencia de figuras-calaveras que subrayan la vida y la muerte como experiencias límite que signan la condición humana.
Texto de Patricia M. Artundo