Agustín Lazo
El examen, 1930
El hijo pródigo
1930
Al igual que en el óleo que conocemos como El estudiante, y otros como el que se refiere a la música, la escena principal de esta obra es un niño dibujando. El título de El hijo pródigo seguramente fue tomado del libro de André Gide El regreso del hijo pródigo. Gide fue un escritor sumamente leído por el círculo de amigos intelectuales que Lazo frecuentó. De tal forma, otros artistas contemporáneos harán obras con el mismo tema, como Roberto Montenegro, y algunos lanzarán una revista con el mismo nombre. ¿Quién es el hijo pródigo? En el cuadro de Lazo podríamos suponer que es el niño que dibuja; sin embargo, entendemos que es precisamente el caballo, como símbolo del subconsciente o de la imaginación -con fuertes cargas eróticas-, el que ha vuelto para regocijo del precoz dibujante, que vive en un ambiente cargado tanto de indiferencia como de extrema beatitud y cursilería. Unas tijeras y su forma de equis se repiten en la composición como supuesto símbolo de castración. Es, pese a todo, el dibujo lo que le permite al infante liberar sus impulsos. Pero aparte de toda interpretación psicoanalítica que se quiera hacer de la obra de Lazo, en ésta particularmente podemos observar la riqueza de contenidos plásticos que en el pequeño formato logró el artista. Es decir, composiciones con perspectivas frontales que nos hacen suponer que la escena es vista desde muy alto, pero al mismo tiempo el espacio es cerrado e íntimo. La pincelada, minuciosa, mezcla distintos tonos para crear efectos de luz y color local.
Texto de Enrique Franco Calvo