Jorge Michel
Banco con ocho elementos, 1976
Máquina Fósil
1975
¿Una obra de artes aplicadas o un objeto artístico? Éstos son los frágiles límites donde se tambalean los muebles de Jorge Michel. Como banco es tan perfecto que impone respeto; si alguien se sienta en él, lo hace con reverencia. Como obra es cálida e invita al espectador a tocarla y a acariciarla. El material utilizado también es ambiguo, orgánico: madera de un árbol que alguna vez plantó sus raíces en la tierra y que estiró sus ramas al cielo; pero ahora es como una piedra rígida, con las entradas y salidas de una gruta encantada. En cada curva evoca los accidentes que el viento inmemorial perfora en el acantilado. El banco está asentado sobre dos figuras que sin ser animales precisos se presentan como antiguos cancerberos en reposo. Son fieras indescriptibles que descansan displicente sobre sus patas. Las fauces abiertas traducen un silencioso rugido; recuerdan su fuerza, no para atacar sino para cuidar el descanso de quien se siente sobre sus lomos. Y todo el conjunto de bestias mitológicas, topografías hechizadas y maderas mágicas hace pensar que sólo un grupo de héroes puede acceder a este banco casi animado.
Texto de Julio Sánchez