Agustín Lazo
El hijo pródigo, 1930
Caballito
1932
Con acierto, Agustín Arteaga señaló que la obra de Oliverio Martínez viene a ser la síntesis de las preocupaciones escultóricas de la primera mitad del siglo XX en México. De vida fugaz pero sólida producción plástica, su biografía parece ser la del elegido para cumplir con un destino inexorable, en este caso la decoración escultórica de las esquinas del que se ha vuelto uno de los símbolos inamovibles de la Ciudad de México: el Monumento a la Revolución. Oliverio Martínez desarrolló una obra que se puede definir por su refinamiento y por su monumentalidad. Es decir, hasta las obras de muy pequeño formato que realizó están construidas como monumentales. Esto se puede observar en el punto de vista desde el que deben ser observadas y en su volumetría. Caballito recuerda algunas influencias que pueden venir de la pintura de Giorgio di Chirico, artista muy gustado en México, pero asimismo tiene preocupaciones que podrían partir del futurismo italiano o de algunos "ismos" de la época. La escultura de Oliverio Martínez se ha exhibido en muy pocas ocasiones. Sobre su vida hay aún muchas lagunas que la historiografía contemporánea debe cubrir.
Texto de Enrique Franco Calvo