Antonio Seguí
Yo no soy buena moza, 1963
Hombre de espaldas, de la serie "La distancia de la mirada"
1976
Con obras de su serie La distancia de la mirada, Antonio Seguí obtiene, en 1977, el Primer premio Benson & Hedges, uno de los más importantes de su carrera. Con elementos ya sugeridos en series anteriores (como los muros de ladrillo y los climas nocturnos de Oasis y Paisajes campestres), este conjunto de carbonillas y pastel (técnica iniciada en 1974) coincide con una etapa especialmente complicada de la vida personal del artista y de la historia argentina. Un accidente en su casa lo mantuvo inmovilizado y debió pasar por varias operaciones y una rehabilitación de varios meses, mientras las noticias del nuevo golpe militar en la Argentina confirmaban sus peores temores. Sus grandes telas cercanas al hiperrealismo se pueblan de personajes siniestros, siempre de espaldas; muros que cierran los espacios con apenas algunas extrañas perforaciones; construcciones oscuras; amenazantes perros guardianes; paisajes desolados. Los tamaños de las telas, siempre grandes, contribuyen al impacto que recibe el espectador entre la amenaza, la asfixia y el encierro.
La ductilidad en Seguí es una de sus características más interesantes e inquietantes. Su obra desde fines de los años cincuenta fluctúa constantemente, acercándose y alejándose de modos, estilos y maneras. Se trata de un artista que absorbe y hace suyo, con una particular capacidad de rumiarlo una y otra vez, todo lo que ve, lo que flota, lo que le ocurre. El clima nocturno de sus Paisajes campestres se ensombrece cuando al horizonte pampeano, a los campos solitarios, a las parvas y escaleras, comienzan a sumarse muros, cordones y personajes represivos. Hombre de espaldas es un excelente ejemplo de la serie, que burlando la censura y utilizando el ambiguo ropaje de lo artístico hiperreal, obtuvo un premio durante la etapa de mayor fiscalización en la Argentina. Relaciones entre arte y política, un terreno que Seguí nunca eludió desde la distancia geográfica con una mirada siempre atenta y preocupada.
Texto de Marcelo E. Pacheco